Este post es el inicio de una serie dirigida específicamente a estudiantes de Derecho y abogados/as en el inicio de su carrera, quienes enfrentarán cambios que nuestras generaciones previas no experimentaron.
Iniciamos explorando los desafíos y oportunidades que la Inteligencia Artificial (IA) representa.

La profesión legal en los tiempos de la Inteligencia Artificial
(Parte 1)

21 de marzo 2024
Por: Fernando Fernández y Carlos Reuser

Introducción

Este post es el inicio de una serie dirigida específicamente a estudiantes de Derecho y abogados/as en el inicio de su carrera, quienes enfrentarán cambios que nuestras generaciones previas no experimentaron.

Iniciamos explorando los desafíos y oportunidades que la Inteligencia Artificial (IA) representa.

¿El fin de los abogados?

Si estás leyendo este texto, posiblemente has escuchado sobre las diversas predicciones que indican que la Inteligencia Artificial (en adelante, la “IA”) reemplazará a los abogados y a los jueces o, al menos, reducirá la necesidad de abogados jóvenes.

Los modelos de IA para el procesamiento masivo de lenguaje escrito, como ChatGPT, sin duda constituyen un desarrollo impresionante, capaces de transformar la manera en que interactuamos con la información y automatizamos tareas; algo similar ocurre también en el área del lenguaje hablado, así como en todo lo que es visión artificial y las capacidades de análisis de lo visto.

Sin embargo, no olvidemos que todos estos desarrollos están en pleno «efecto hype», lo que suele ser fuente de expectativas poco realistas y provocar predicciones que serán vistas como exageraciones en el futuro (eg., que los abogados serán reemplazados por la IA o que el 80% de los trabajos desaparecerán en 10 años).

La realidad es que nadie sabe con certeza cuál será el impacto definitivo de la masificación de la IA en la sociedad y en el mercado legal. De hecho, la historia está lejos de ser un camino lineal e inevitable.

Diversos factores pueden influir en el desarrollo futuro, como el establecimiento de regulaciones que restrinjan el uso de la IA en ciertos ámbitos o que exijan intervención humana en su empleo, o limitaciones insuperables de los modelos de IA (por ejemplo, la disponibilidad de datos), o limitaciones determinadas por la legislación de protección de datos o propiedad intelectual (usualmente relacionados con protección de derechos fundamentales), o la aparición de nuevos ciclos de «Inviernos de la IA», etcétera. Por lo tanto, cualquier predicción en este momento sobre el reemplazo de los abogados resulta prematura y algo arriesgada.

De hecho, la evidencia de empresas que utilizan intensivamente la Inteligencia Artificial indica que su adopción no ha impactado significativamente en la demanda de nuevos trabajadores. Además, la historia muestra que los cambios en los mercados laborales debido a disrupciones tecnológicas tienden a ocurrir más lentamente de lo previsto inicialmente.

Por otro lado, es importante recordar que la abogacía es una profesión milenaria. Aplicando el «efecto Lindy», es decir, que cuanto más tiempo ha sobrevivido algo, más probable es que siga existiendo en el futuro, no debería haber mucha preocupación, del mismo modo que los libros, la radio y el cine siguen estando aquí, pese a que en su momento se vaticinó su desaparición. Pero claro, que hayan sobrevivido a la noche de los tiempos no significa que permanezcan inalterables.

Cambios

Pese a que los abogados están lejos de ser una especie en extinción, lo cierto es que habrá muchos cambios. Si creemos aunque sea la mitad de lo que se plantea en diversos medios, es claro que enfrentaremos un cambio en la forma en que se ejercerá la profesión. Negarse a ello sería equivalente a echarse tierra en los ojos.

En este sentido, coincidimos con Jordan Furlong y Richard Susskind en que varias actividades serán objeto de automatización, como por ejemplo, la investigación jurídica, revisión de antecedentes legales ya sea en procesos de due dilligence o preparación de un caso, redacción de documentos (escritos, contratos, etc.), resolver problemas usando los conocimientos legales y análisis, negociar soluciones y resolver disputas, manejar aspectos tecnológicos, etc.

Y concordamos con ellos simplemente porque esto ya está sucediendo. Como diría William Gibson —medio en broma, medio en serio— “el futuro está aquí, solo que está mal distribuido”.

De hecho, muchas plataformas de servicios digitales que median entre particulares ya están usando sistemas de IA para resolver conflictos entre sus usuarios, con índices de satisfacción aceptables y a un costo marginal.

Por ende, sí es claro que la tecnología cambiará de forma significativa la forma en que ejercemos la profesión, aunque el vertiginoso desarrollo tecnológico impide ver con claridad hasta qué punto sucederá esto.

Oportunidades

La palabra “cambio” no equivale a «amenaza». Contrario al discurso apocalíptico que está de moda, la coyuntura histórica actual representa grandes oportunidades para los estudiantes, recién egresados y abogados, siempre y cuando adopten una estrategia y disciplina específicas que les permita aprovecharlas.

Lo anterior supone:

  • Primero, en tener una estrategia de desarrollo profesional (i.e., tener claro hacia dónde queremos ir, qué pasos debemos adoptar y qué conocimientos/habilidades debemos desarrollar).
  • Segundo, en trabajar y perfeccionar aquello en que la IA difícilmente nos superará: en la comunicación efectiva con las personas, capacidad de generar conexiones, enfocarse en actividades creativas e integrar distintas áreas del conocimiento.
  • Por último, aprender a usar de forma sofisticada las tecnologías de la información, pasando desde el uso avanzado de las aplicaciones que usualmente empleamos (como Word u otros procesadores de texto) hasta el empleo de interfaces de IA (eg., Gemini, Antrophic, Mistral, etc.).

Además, debe tenerse presente que los abogados generalmente carecen de toda clase de conocimiento formal en lo que dice relación con estrategia profesional, comunicación efectiva, generación de redes, calidad de atención a clientes, inteligencia emocional y el uso avanzado de tecnologías.

Entonces, si a un robusto conocimiento jurídico le añades estas habilidades, podrás destacar por sobre tus pares, pero hay que tener claro que ello implica realizar un esfuerzo personal adicional (afortunadamente, focalizado), para salvar el hecho de que al día de hoy las Escuelas de Derecho no entregan las habilidades necesarias para vivir de la profesión en un entorno social y tecnológico imparablemente competitivo y, digámoslo claramente, con un sistema de remuneraciones profesionales cada día más canibalizado.

Próximas publicaciones

Detallaremos cómo desarrollar las habilidades mencionadas en futuras publicaciones, abordando temas como estrategia profesional, manejo de la era de distracción masiva, importancia de las habilidades blandas e inteligencia emocional, comunicación efectiva, estándares de atención al cliente, profesionalismo, desarrollo de redes
profesionales, marca personal, competencias tecnológicas y la relación entre la profesión legal y la IA.

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