El futuro del teletrabajo y sus desafíos

El futuro es ahora y ha llegado para quedarse

Las grandes crisis son coyunturas históricas que vienen aparejadas cambios estructurales a nivel económico, político y social. Esta crisis no va a ser la excepción, y la forma como trabajamos será una manifestación de los nuevos tiempos.

La pandemia del COVID-19 nos obligó a llevar a cabo un experimento social que jamás nos hubiésemos atrevido a hacer en circunstancias normales: hacer que todo el personal que puede teletrabajar, lo hiciera. Y pese a lo vertiginoso que han sido estos cambios, nos percatamos que las organizaciones funcionan relativamente igual.

Sin duda, aún estamos aprendiendo, y a paso forzado. Las culturas organizacionales aun no se han adaptado para separar razonablemente bien la vida personal y laboral. Aun estamos entendiendo cómo gestionar esta nueva forma de trabajar: muestra de ello son las interminables maratones en Zoom, Meets o Teams, llamados que recibimos a hora de almuerzo o de comida, o la aparición intempestiva de nuestros hijos en tele conferencias. No hay dudas, el asunto ha sido estresante.

Pero iremos adaptándonos, los niños volverán al colegio y comenzaremos a aceptar la
nueva realidad: que el teletrabajo llegó para para quedarse.

Para ser claros, el teletrabajo no será para todos las labores y se combinará con modalidades presenciales, pero posiblemente será bastante común en trabajos administrativos o en ciertas industrias. Por ejemplo, varias empresas tecnológicas ya han comunicado que sus trabajadores podrán teletrabajar incluso después de la Pandemia. Pero esto no se restringirá a la industria tecnológica o los países desarrollados: buena parte de las empresas Chilenas proyectan mantener el teletrabajo tras la pandemia.


Ventajas

Las ventajas del teletrabajo son evidentes: se evita el contagio de la pandemia, se ahorra tiempo (viaje) y recursos (oficinas), aumenta la productividad de los trabajadores y resulta ser un mecanismo bastante eficaz para atraer talentos

También aumenta el pool de talento accesible a las empresas, quienes podrán contratar a aquellos que viven en lugares a las grandes metrópolis, madres o padres que tienen a su cargo el cuidado de sus hijos u otros seres queridos, personas con discapacidad que tienen dificultades de traslado, etcétera.

Por otro lado, no sólo las empresas sino que también los teletrabajadores aprecian las ventajas de esta modalidad, pues pueden conciliar de mejor manera su vida personal y profesional.

Oficinas y ciudades

Si tales proyecciones son ciertas, no sólo cambiará el trabajo. También lo harán las oficinas. No desaparecerán, pero serán más pequeñas, estarán más dispersas y menos concentradas.

Consecuentemente, también cambiarán las ciudades y la estructura del mercado inmobiliario (¿para qué comprar un departamento en el barrio más costoso de la Gran Metrópolis si puedo vivir mucho mejor en una ciudad más barata y teletrabajar desde allí 3 veces a la semana?).

Sombras

Pero como todo en la vida, el teletrabajo también tiene sus sombras: genera aislamiento, menor compromiso y menor retención a largo plazo. También, la separación de la oficina y la casa se difumina, lo cual, si es mal manejado, puede afectar la salud psíquica y calidad de vida de los trabajadores.

Del mismo modo, puede incidir negativamente en la formación de una sólida cultura empresarial y en materia de innovación que sucede en la conversación del café o en el encuentro casual. Del mismo modo, se dificulta la capacitación de los nuevos trabajadores, sobre todo en esa clase de profesiones donde el ejercicio se aprende al
alero de un mentor o por imitación. Incluso el teletrabajo podría afectar las posibilidades de promoción del teletrabajador y la cooperación interna. El contacto personal es difícilmente reemplazable por el uso de las TICs.

Además, se presenta un serio problema de control para las empresas. Y a fin de resolver este desafío, es posible que las empresas caigan en la tentación hacer un uso excesivo de mecanismos de monitoreo electrónico de los trabajadores, lo cual puede, en casos extremos, estar en tensión con los derechos fundamentales de los trabajadores.

Desafíos

Las sombras del teletrabajo imponen desafíos por delante. El más inmediato, desde luego, es el implementar la legislación laboral recientemente dictada.

Pero los problemas aparejados con esta modalidad de trabajo no se desvanecerán con la firma de un anexo de contrato. Las empresas deberán enfrentar responder preguntas sumamente importantes:

  • ¿Cuál es la tecnología más adecuada para las necesidades de mis clientes y mi organización? ¿Cómo debo implementarlas y cuál es su costo?
  • ¿Cómo capacito a mi equipo en el uso de estas tecnologías?
  • ¿Cómo protejo mis activos informáticos e inmateriales?
  • ¿Cómo puedo subir a mi organización al carro de la transformación digital?
  • ¿Qué medidas debo adoptar para cuidar la salud física y psíquica de nuestro
  • personal?
  • ¿Qué prácticas debemos implementar para evitar que exista una clara separación entre la oficina y la vida personal?
  • ¿Cómo logramos integrar a los nuevos trabajadores y generamos una cultura organizacional en un contexto de trabajo a distancia?
  • ¿Cuál es el límite razonable entre la privacidad y la potestad de control de los empleadores?

Estas preguntas eran importantes el 2020. En el futuro lo serán aun más y, las respuestas, aun están por venir.

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